¿Eres feliz?

  • ¿Eres feliz?

Martin Seligman, es uno de los psicólogos más destacados en el estudio de la depresión. Durante años, su trabajo se ha centrado en estudiar los factores que influyen en la aparición y mantenimiento de la misma. En 1998, fue elegido como presidente de la American Psychological Association (APA). Tras su elección se sintió obligado a realizar durante su mandato algo nuevo y eficaz y a encontrar una solución a los grandes problemas sociales a los que se enfrenta hoy en día la sociedad: adicción a las drogas, depresiones, ansiedad, aumento del número de delitos, etc. Estaba seguro de que la respuesta a todas estas situaciones no consistía en aplicar más y mejores terapias, sino que debíamos partir desde otra base, situada en el campo de la prevención. Sin embargo, se carecía de un modelo adecuado.

Un día, mientras quitaba las malas hierbas del jardín, junto a su hija Nikki, de cinco años, descubrió el “principio de Nikki”, que voy a exponer con las propias palabras de Seligman: «A pesar de haber escrito un libro y numerosos artículos científicos sobre los niños, debo reconocer que no soy muy hábil en el trato con ellos. Yo persigo un objetivo y no malgasto mi tiempo. Si quito malas hierbas, quito malas hierbas, mientras que Nikki lanzaba las hierbas al aire y no paraba de cantar. Como me distraía, la regañé, y ella se marchó. Pasados unos minutos volvió y me dijo: “Papá, querría hablar contigo”. –“¿Sí, Nikki?”. -“Papá, ¿recuerdas cuando cumplí cinco años? Hasta entonces yo lloriqueaba mucho. Me pasaba el día lloriqueando, pero cuando cumplí cinco años decidí que no iba a lloriquear nunca más. Fue lo más difícil que he hecho nunca, y si yo puedo de dejar de lloriquear, tu puedes dejar de gruñir”. Fue una iluminación para mí. Nikki había dado en el clavo. Yo era muy crítico y gruñón. Durante cincuenta años de mi vida, mi espíritu había estado atormentado, y en los últimos diez años yo había sido como un nubarrón en mi familia donde lucía un esplendido sol. Toda la felicidad que yo había sentido no se la debía a mi carácter gruñón, muy al contrario. En ese momento tomé la decisión de cambiar» (Seligman 2002, p.28).

Ese día Martin Seligman no sólo decidió mostrarse más a menudo de buen humor, sino que además cambió su teoría psicológica. Se dio cuenta de que su tarea como padre no consistía en corregir los defectos de Nikki (eso podía hacerlo ella sola); su tarea debía consistir en preservar esa magnífica capacidad que su hija había demostrado tener y en ayudarla a seguir utilizándola.

Para vivir una vida feliz tenemos que saber qué nos hace felices. Al analizar la vida de las personas identificó tres elementos:

  • Vida placentera: el tipo de contacto social y búsqueda de placer que solemos asociar a la felicidad.
  • Vida plena: alcanzar el crecimiento personal al hacer aquello que podemos y que queremos hacer.
  • Vida con sentido: haciendo cosas n para nosotros mismos, sino para otros o para una causa más alta.

La vida placentera (o la búsqueda del mayor placer posible) parece aportar felicidad, aunque de corta duración. La vida plena, o el disfrute de relaciones, trabajo y ocio satisfactorios, proporciona, aunque de forma menos obvia, una felicidad más profunda y duradera. A su vez, la vida con sentido, o actuar en beneficio de los demás o de algo más allá de uno mismo, proporciona gran satisfacción y plenitud.

Por su parte, el psicólogo húngaro Mihály Csíkszentmihályi también estudió a personas felices y realizadas y vio que, aunque obtenían satisfacción de muchos aspectos diferentes, todos describen un sentimiento similar cuando estaban absortos en lo que hacían. Era como estar fuera del tiempo: se sentían calmados, centrados y olvidados de ellos mismos y del resto del mundo. Este estado de “flujo” es similar al estado de trance que experimenta un músico al tocar su instrumento. Alcanzaos este flujo con cualquier tarea, no sólo con actividades creativas como la música, siempre que no esté fuera de nuestras capacidades, pero que sin embargo signifique un reto. Y este sentimiento de intenso placer que nos depara hace que no solo las actividades de ocio, sino también el trabajo, sean gratificantes y valiosos.

Seligman se dio cuenta que los estilos de vida plena y con sentido incluían actividades generadoras de flujo o de una implicación mental intensa. Evidentemente, la vida placentera no genera flujo, pero Seligman descubrió que todas las personas extraordinariamente felices, eran más sociables y tenían pareja. Las relaciones sociales no garantizan la felicidad, pero ésta no parece darse sin ellas. Una vida plena y con sentido puede lograr la felicidad, pero si además se lleva una vida placentera, la felicidad que se consiga será más intensa.

Nuestra capacidad para perseguir la felicidad es un don natural. Pero, ¿qué es la felicidad? Todos hablamos de la felicidad y, por lo general, sabemos cuando la experimentamos, pero no tenemos una definición coherente que pueda ayudarnos a identificar sus antecedentes. Cada uno de nosotros tiene su propia definición de felicidad que no tiene por qué coincidir con la definición de las personas que nos rodean. Sin embargo, en todos los casos, a pesar de la definición que tiene cada uno, la felicidad está compuesta por placer y significado. El placer consiste en experimentar emociones positivas aquí y ahora, en un beneficio presente. El significado, por su parte, consiste en tener una sensación de finalidad por el beneficio futuro de nuestras acciones.

Para ser felices tenemos que experimentar emociones positivas, el placer es un pre-requisito para una vida plena. La ausencia total de placer y la experiencia emocional constante excluyen la posibilidad de una vida feliz. Para ser felices, tenemos que sentir que, en general, por muchos sufrimientos, pruebas y tribulaciones que nos encontremos por el camino, sobre todo seguimos experimentando la alegría de vivir.

Cuando hablamos de una vida con significado, normalmente nos estamos refiriendo a tener una sensación de finalidad, hemos de hacer algo más que marcarnos unos objetivos, deben ser unos objetivos intrínsecamente significativos. Cada persona encuentra sentido a su vida en cosas diferentes. Lo importante es que elijamos nuestro camino de acuerdo con nuestros propios valores y pasiones en lugar de responder a las expectativas de los demás. Vivir una vida con sentido, con un objeto que dé una sensación de dirección, imbuye nuestras vidas individuales de significado.

Entonces, ¿qué es la felicidad? La felicidad sería todas aquellas cosas, personas, acciones, etc., que me generan emociones positivas y que le dan significado y sentido a mi vida. ¿Y tú? ¿Eres feliz?

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